La adicción al sexo y al amor mal entendido es una enfermedad progresiva que no desaparece, pero que como muchas otras se puede "detener". Puede manifestarse de diferentes formas —incluyendo (pero sin limitarse a ella) una necesidad compulsiva de sexo, una dependencia extrema de una o varias personas y/o una preocupación crónica por el romance, el coqueteo o la fantasía.
Existe un patrón obsesivo/compulsivo sexual o emocional (o ambos a la vez), en el que las relaciones o actividades sexuales amenazan cada vez más la carrera, la familia y al respeto a sí mismo. Si a la adicción al sexo y al amor mal entendido no se le da tratamiento, las consecuencias que produce empeoran.
La experiencia de los adictos al sexo y al amor mal entendido les mostraba que ni la promiscuidad sexual ni el cultivo habitual de relaciones destructivas se podían vencer empleando solamente la fuerza de voluntad.
Muchas historias típicas tienen como protagonistas a personas que visitaban asiduamente ciertos lugares, pese a repetidos contagios de enfermedades venéreas y el miedo a ser descubiertos por sus familias.
A otros adictos al sexo y al amor mal entendido les resultaba imposible dejar las relaciones destructivas y si lo hacían se encontraban al poco tiempo en otras igual de perjudiciales. Otros, finalmente, se dedicaban a actividades sexuales en solitario.
Muchas historias típicas tienen como protagonistas a personas que visitaban asiduamente ciertos lugares, pese a repetidos contagios de enfermedades venéreas y el miedo a ser descubiertos por sus familias.
A otros adictos al sexo y al amor mal entendido les resultaba imposible dejar las relaciones destructivas y si lo hacían se encontraban al poco tiempo en otras igual de perjudiciales. Otros, finalmente, se dedicaban a actividades sexuales en solitario.
Algunos adictos afirman que sin el apoyo de un programa de apoyo, el dilema de tener que elegir entre la soledad aguda y el aislamiento, por un lado, y las relaciones y actividades adictivas por el otro, les hubiera llevado al suicidio.
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